Los dos países estuvieron al borde del conflicto por el canal Beagle y firmaron la paz en 1984. Ese mismo año pusieron en marcha una patrulla naval conjunta que no se interrumpió en cuatro décadas.
En 1978 la Armada Argentina y la Armada de Chile estuvieron a horas de dispararse por tres islas del canal Beagle.
Seis años después firmaban el Tratado de Paz y Amistad.
Y ese mismo año empezaban a navegar juntas el mar más hostil del planeta.
Cuatro décadas después sigue en pie, y es probablemente el acuerdo militar más duradero entre dos armadas sudamericanas.
La Patrulla Antártica Naval Combinada se realiza desde 1984, tras la firma de ese tratado, y reúne a las dos armadas en tareas de búsqueda, rescate y prevención de la contaminación en el área antártica.
Qué hace exactamente la patrulla
La PANC no es un ejercicio.
Es un servicio de guardia.
Durante la temporada de verano austral, cuando el hielo permite navegar, las dos armadas turnan buques para cubrir de manera continua el área que va del paso de Drake a la península antártica.
El aviso ARA Puerto Argentino inició una de las ediciones recientes junto a la Armada de Chile.
La misión declarada es búsqueda y rescate y prevención de la contaminación, y el motivo es concreto: en esa zona navegan cruceros de turismo, pesqueros y buques de investigación de decenas de países, y no hay guardia costera.
Por qué hacen falta dos países
Ninguna de las dos armadas podría sostener sola una guardia permanente de cuatro meses a esa distancia.
Un buque en zona antártica consume dotación, combustible y mantenimiento a un ritmo que no se parece al de una patrulla costera, y necesita relevo.
Repartir la temporada en turnos permite que cada país mantenga presencia continua aportando la mitad del esfuerzo.
Es la misma economía de escala que aparece cuando dos fuerzas comparten instrucción, como en los cajones cordilleranos de Filo Andino.
La campaña que abastece todo lo demás
Detrás de la patrulla hay una operación mayor y menos visible.
La Campaña Antártica de Verano argentina forma parte de un ciclo logístico anual destinado al abastecimiento, el relevo de personal y el sostenimiento de las bases.
Ese ciclo es el que decide si una base sobrevive el invierno, porque una vez cerrada la ventana de navegación no entra nada más hasta la temporada siguiente.
El error de cálculo no se corrige con un vuelo extra, que es exactamente lo contrario de lo que ocurre en un puente aéreo de emergencia.
Quién más viaja en esa logística
La parte menos conocida del arreglo es que no beneficia solo a los dos países que lo montaron.
Argentina brinda apoyo a los programas antárticos de Brasil, Ecuador, España, Perú, República Checa y Uruguay.
En misiones de investigación científica antártica participaron además personal de las armadas de Brasil, Corea del Sur, Ecuador, España, Estados Unidos e Italia.
Para un país sin buque rompehielos propio, ese apoyo es la diferencia entre tener programa antártico y no tenerlo.
La base española en una isla volcánica
España opera la Base Antártica Española Gabriel de Castilla, del Ejército de Tierra, en la isla Decepción, en el archipiélago de las Shetland del Sur.
La isla es la caldera de un volcán activo cuyo cráter inundado forma un puerto natural, y esa geografía la vuelve tan cómoda para fondear como incómoda para instalarse.
La base es estacional: abre en el verano austral y cierra cuando la campaña termina.
Quien la sostiene no es la Armada española sino el Ejército de Tierra, un reparto de responsabilidad poco frecuente en los programas antárticos, que suelen quedar en manos navales.
Perú lleva treinta y una campañas
El Perú inició su trigésima primera campaña de investigación científica en la Antártida, un número que sitúa su programa entre los más antiguos de la región.
El país sostiene la operación con medios de la Marina de Guerra del Perú, la misma que despliega unidades a miles de kilómetros de su costa.
La continuidad importa más que el tamaño en el sistema antártico, porque la presencia sostenida es el criterio que ordena la influencia de cada país en el Tratado Antártico.
Ecuador mantiene su propio programa con apoyo de la logística argentina, y sostiene además material naval de patrulla que volvió al servicio tras años parado.
Qué hace falta para que un buque entre al hielo
El término que ordena toda la operación antártica es refuerzo de hielo, y no significa rompehielos.
Un rompehielos abre canal partiendo la banquisa con el peso del casco; un buque con refuerzo de hielo solamente aguanta el roce del hielo suelto y navega detrás, por el canal que otro abrió.
La diferencia es de chapa, de forma de la proa y de protección de las hélices, y define qué puede hacer cada país en el continente blanco.
Una armada con buques reforzados pero sin rompehielos depende del calendario ajeno, y esa dependencia es la que explica por qué la cooperación antártica es la norma y no la excepción.
El tratado que congela los reclamos
El Tratado Antártico, firmado en 1959 y en vigor desde 1961, dejó el continente reservado a fines pacíficos y prohibió toda medida de carácter militar, entre ellas las bases y las maniobras.
El detalle que casi siempre se pierde es que el mismo texto autoriza expresamente el empleo de personal y de equipo militar para investigación científica y para cualquier otro fin pacífico.
Esa cláusula es la que sostiene todo lo demás: los buques, los aviones y las bases que operan en la Antártida son militares y están ahí legalmente, porque el tratado prohíbe la actividad militar y no el uniforme.
Sobre las reclamaciones de soberanía, el acuerdo no las resuelve ni las anula: las suspende mientras esté vigente.
Lo que la patrulla dice de la región
Argentina y Chile mantienen reclamos de soberanía superpuestos sobre el mismo sector antártico, y ninguno de los dos renunció a nada.
El Tratado Antártico congela las reclamaciones sin resolverlas, y la patrulla conjunta funciona dentro de esa suspensión.
Dicho de otro modo, las dos armadas cooperan todos los veranos en un territorio que las dos reclaman, y llevan cuarenta y dos años haciéndolo sin que el reclamo interrumpa la operación.
La Patrulla Antártica Naval Combinada se repite cada temporada de verano austral.